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jueves 26 de noviembre

Semana XXXIV del tiempo ordinario

San Silvestre Gozzolini

Trazó las bases de la Congregación de los Silvestrinos, bajo la Regla de san Benito.

Jesucristo, Rey del Universo

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Solemnidad

IMPORTANCIA DE LA CELEBRACIÓN

«El último domingo del Tiempo Ordinario, como conclusión del año litúrgico, la Iglesia celebra a Jesucristo, Rey del Universo: ‘Y por Él y para Él quiso reconciliar todas la cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su Cruz’ (Col. 1,20)» (Papa Benedicto XVI).

Tradicionalmente, algunas celebraciones ya se interpretaban en honor de Cristo Rey: Navidad, Epifanía, Domingo de Ramos, Pascua, Ascensión... Pero el deseo de una fiesta específica con tal título, surge en el siglo XIX, dentro en el seno del movimiento litúrgico.

Actualmente, la fiesta subraya la realeza de Cristo como Señor, Rey y Sacerdote, que volverá en el Juicio Universal, entregando definitivamente el Reino al Padre para que Dios sea todo en todos.

Es como el sello del año litúrgico, que se abre a la esperanza escatológica de la Iglesia, Reino de Dios en germen en esta tierra, orientada hacia la plenitud de un reino de justicia y paz.

HISTORIA DE LA FESTIVIDAD

Antiguo Testamento: Desde la época de Moisés y los Jueces, Dios es reconocido como Rey de Israel y posteriormente como Rey de todas las naciones y de todo el mundo.

«El Señor reinará eternamente» (Sal 10,16).

«Porque del Señor es el reino, Él gobierna a los pueblos» (Sal 22,29).

«¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. -¿Quién es ese Rey de la gloria? – El Señor, héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla» (Sal 24,7-8).

«El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio, el Señor se sienta como rey eterno» (Sal 29,10).

«Mi rey y mi Dios eres Tú, que das la victoria a Jacob» (Sal 44,5).

«Porque el Señor altísimo es terrible, emperador de toda la tierra… Tocad para Dios, tocad para nuestro Rey, tocad. Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría» (Sal 47,3;7-8).

«El monte Sión, confín del cielo, ciudad del gran rey» (Sal 48,3).

«Aparece tu cortejo, oh Dios, el cortejo de mi Dios, de mi Rey, hacia el santuario» (Sal 68,25).

«Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante Él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector» (Sal 72,10-12).

«Pero Tú, Dios mío, eres rey desde siempre» (Sal 74,12).

«Traigan los vasallos tributo al Temible: Él deja sin aliento a los príncipes, y es temible para los reyes del orbe» (Sal 76,12-13).

«Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor del universo, Rey mío y Dios mío» (Sal 84,4).

«Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey» (Sal 89,19).

«El Señor reina, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder» (Sal 93,1).

«Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses» (Sal 95,3).

«Decid a los pueblos: ‘El Señor es rey’» (Sal 96,10).

«El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables» (Sal 97,1).

«Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor» (Sal 98,5-6).

«El Señor reina, tiemblen las naciones; sentado sobre los querubines, vacile la tierra. El rey poderoso ama la justicia, Tú has establecido la rectitud; Tú administras en Jacob la justicia y el derecho» (Sal 99,1;4).

«Te ensalzaré, Dios mío, mi rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás» (Sal 145,1).

«Que se alegre Israel por su creador, los hijos de Sión por su Rey» (Sal 149,2).

1820: El emperador Napoleón (1769-1821), al general Bertrand durante el exilio en la isla de Santa Elena: «General, hemos llenado el mundo con nuestra fama y nuestra gloria, pero dentro de poco tiempo nadie morirá ni se dejará matar por nosotros, y todavía los hay que mueren y se dejan matar por Jesucristo. Seremos, como Alejandro, un tema de retórica para los niños de las escuelas... y nada más que eso. Alejandro Magno no ha tenido otra inmortalidad. Jesucristo sí que ha vivido y vivirá para siempre. Esto es ser Rey».

1925: El presidente de Méjico, Plutarco Elías Calles, favoreció la creación de una ‘Iglesia apostólica mejicana’ y restringió la libertad religiosa de la Iglesia. Al grito de ‘¡Viva Cristo Rey!’, grupos de ciudadanos iniciaron la llamada ‘guerra cristera’. La Iglesia ha reconocido la santidad de algunos de aquellos ciudadanos.

1925, diciembre 11: En el mundo convulso de entreguerras (1918-1939), el Papa Pío XI instituye la fiesta de Cristo Rey. Quiere destacar, de este modo, que Jesús tiene que ser el punto de referencia de todas las actuaciones humanas, pero con un claro sentido social y político. Muchos creían que la recuperación de las formas litúrgicas del pasado frenaría el laicismo y contribuiría a restaurar el régimen de cristiandad, donde Cristo reinaría en la sociedad y ésta se guiaría por los valores cristianos.

1936, julio-agosto: Durante las primeras semanas de la guerra civil española, en Barbastro, 51 Misioneros Claretianos –mayoritariamente estudiantes que rondaban la veintena- fueron asesinados por los milicianos. Murieron al grito de ‘¡Viva Cristo Rey!’: «Morimos por llevar la sotana y morimos precisamente en el mismo día en que nos la impusieron. Los mártires de Barbastro y, en nombre de todos, el último y el más indigno, Faustino Pérez, cmf. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Corazón de María! ¡Viva la Congregación! Adiós, querido Instituto. Vamos al cielo a rogar por ti. ¡Adiós! ¡Adiós! »

1988, septiembre 26: El jesuita Miguel Pro es el primer ‘cristero’ beatificado en Méjico.

1992, noviembre 22: El Papa Juan Pablo II beatifica al sacerdote Cristóbal Magallanes y a  24 compañeros ‘cristeros’ (en total, 22 sacerdotes y 3 laicos).

2000, mayo 21: El mismo Papa Juan Pablo II declara santos a 25 mártires ‘cristeros’, entre los cuales el presbítero David Uribe Velasco, que se había negado a ser obispo de la iglesia cismática.

2005, noviembre 20: El Papa Benedicto XVI beatifica a 13 mártires ‘cristeros’, entre los cuales al adolescente José Tarsicio Sánchez, que ha sido canonizado en día 16 de octubre de 2016 por el Papa Francisco.

Reforma litúrgica tras el Concilio Vaticano II: Reinterpreta la fiesta: Jesús es Rey siendo Pastor, Sacerdote y Sirviente, subrayando la esperanza escatológica del reinado de Cristo, que es el tema dominante de los domingos previos (últimos del año litúrgico) y posteriores (primeros de Adviento del nuevo año litúrgico). Por esta razón la sitúa al final del año litúrgico, como corona y conclusión de todo el proceso salvador de Cristo Rey.

ESPIRITUALIDAD DE LA FESTIVIDAD

Jesús es Rey del Universo, desde la Cruz

Mirando la Cruz podemos entender lo que significa que Jesús es Rey: «La realeza de Cristo es revelación y actuación de la de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con amor y justicia. El Padre encomendó al Hijo la misión de dar a la humanidad la vida eterna, amándola hasta el extremo» (Papa Benedicto XVI, Ángelus, 23.11.2008).

En realidad, el reinado de Cristo en la Cruz manifiesta que su poder no se corresponde con el que se ejerce en el mundo, antes bien «es el poder del Amor, que sabe extraer bien del mal, reblandecer un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa» (Papa Benedicto XVI, Ángelus, 22.11.2009).

Y este reinado de Cristo ya ha empezado

La liturgia subraya la dimensión escatológica de este reinado: «Después el final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza. Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte» (1Cor 15,24-26). «Y, cuando le haya sometido todo, entonces también el mismo Hijo se someterá al que lo había sometido todo. Así Dios será todo en todos» (1Cor 15,28) (Papa Benedicto XVI, Ángelus 26.11.2006).

Y este Reino de Cristo ya ha empezado, ya se está realizando en la historia y estamos llamados a incorporarnos al mismo: «El Reino de Cristo, ‘la herencia del pueblo santo en la luz’, no es algo que solamente se atisba a lo lejos, sino una realidad de la cual hemos sido llamados a forma parte, a donde hemos sido ‘trasladados’ gracias a la obra redentora del Hijo de Dios [...] la Iglesia es la porción de la humanidad en donde se manifiesta ya la realeza de Cristo, que tiene como expresión privilegiada la paz. Es la nueva Jerusalén, todavía imperfecta porque peregrina en la historia, pero capaz de anticipar, en cierto modo, la Jerusalén celestial» (Papa Benedicto XVI, Homilía, 25.11.2007).

LA LITURGIA DE LA FESTIVIDAD

La fiesta invita a la contemplación de Cristo y de su misterio en sus dos dimensiones principales: «... la creación de todas las cosas y su reconciliación. En el primer aspecto, el señorío de Cristo consiste en que ‘todo ha sido creado por Él y para Él’ [...] La segunda dimensión se centra en el misterio pascual: por medio de la muerte en la Cruz del Hijo, Dios ha reconciliado consigo mismo a todas las criaturas [...] La realeza de Jesús se manifiesta en toda su amplitud cósmica» (Papa Benedicto XVI, Homilía, 25.11.2007).

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