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Obispo de Benevento y mártir (304), muy popular en Nápoles.

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LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

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15 de Agosto: LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

«La tradición cristiana ha colocado en el corazón del verano una de las fiestas marianas más antiguas y sugestivas, la solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora. Así como Jesús resucitó de la muerte y ascendió a la diestra del Padre, María, acabado el curso de su existencia sobre la tierra, fue asunta al cielo… María es ejemplo y apoyo para todos los creyentes: nos anima a no perder la confianza ante las dificultades y ante los inevitables problemas de todos los días. Nos asegura su ayuda y nos recuerda que lo esencial es buscar y aspirar «a las cosas de lo alto, no a las de la tierra» (cf. Col 3,2)» (Papa Benedicto XVI).

Si en la Inmaculada Concepción (8 de Diciembre) celebramos el inicio, hoy gozamos con el “destino de plenitud y de felicidad” de María y su “perfecta configuración a Cristo resucitado” (Pablo VI, Marialis Cultis, MC 6). Es una fiesta centrada en el triunfo definitivo de María, que participa de este modo de la victoria de Cristo. Dios no quiso “que sufriese la corrupción del sepulcro aquella que de manera inefable fue madre del autor de la vida” (Prefacio).

demás, el destino glorioso de María está íntimamente ligado al de la Iglesia. La fiesta de hoy se convierte así en una mirada llena de fe hacia el futuro, y en una ocasión para la esperanza y garantía para toda la comunidad de los creyentes, que por ella se sienten representados: “imagen y primicia de la Iglesia gloriosa, modelo de la esperanza cierta y consuelo del pueblo que camina” (Prefacio).

Es día de fiesta grande en infinidad de pueblos.

«Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo; concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo» (Colecta).

HISTORIA DE LA ADVOCACIÓN
«La Virgen Inmaculada… fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores (cf. Ap 19,16)  y vencedor del pecado y de la muerte» (Constitución Lumen Gentium 59, Concilio Vaticano II).

Siglo II: La tradición habla de la muerte de María en la ciudad de Éfeso (las revelaciones de santa Brígida y de Catalina Emmerich, confirmadas por recientes descubrimientos arqueológicos, hablan de ello en este sentido).

Tres primeros siglos: Dado que todavía no se ha precisado la doctrina escatológica, los Padres Apostólicos y Apologetas únicamente exponen y defienden la fe con argumentos racionales centrándose en aquellos puntos que son objeto de controversia con judíos, gnósticos, maniqueos…

~315-403: San Epifanio es el primer Padre de Oriente que habla de forma explícita sobre el final de la vida terrena de María: se inclina por la asunción corporal al cielo, puesto que el final terrenal “estuvo colmado de prodigios” y su cuerpo fue trasladado al cielo sin sufrir la muerte ni la corrupción.

~404: Ya encontramos una celebración mariana el 15 de Agosto, en una iglesia construida en tiempo de la emperatriz Eudoxia en Getsemaní (recientemente redescubierta), puesto que se creía que allí se hallaba la tumba de María, sobre todo gracias a las narraciones apócrifas a propósito de la muerte de María (“Transitus sanctæ Mariæ”).

~451: En el leccionario armenio de Jerusalén hay una memoria mariana parecida a la Asunción.

Siglo IV: San Efrén sostiene que el cuerpo de María no fue sometido a la corrupción, lo que podemos interpretar en clave asuncionista. Timoteo, un presbítero de Jerusalén, se decanta por la inmortalidad.

Siglo V: En Jerusalén se dedica, posiblemente el 15 de Agosto, una de las primeras iglesias al misterio de la Asunción. Los relatos apócrifos sobre el “Tránsito de María” tratan de describir como se produjo la muerte de María, y no se conoce veneración alguna de reliquia auténtica de su cuerpo.

Siglo VI: Al principio, en Oriente esta fiesta surge con el título de la  “Dormición de la Virgen” (koimesis), por influjo de algunos escritos apócrifos (el “Libro secreto de Juan” y el “Tránsito de María”). A finales del siglo, la fiesta se celebraba en Oriente como el “tránsito” de María (natalis Deiparæ), pero fue evolucionando hasta conmemorar propiamente su glorificación (muerte y resurrección). Un detalle: en Etiopía, los coptos mantienen la costumbre de separar 206 días la celebración de la Dormición (16 de Enero) de la de la Asunción (15 de Agosto).

594: San Gregorio de Tours es el primer Padre de Occidente que habla explícitamente de la Asunción de María, basándose en el testimonio de los apócrifos.

634: San Modesto de Jerusalén, en su “Encomium in Dormitionem” se lamenta de que autores anteriores no hayan profundizado en la Asunción. Basa la glorificación corporal de María en la divina maternidad y en la virginidad.

Siglo VII: Desde Oriente, la fiesta pasa a las Galias y a Roma, donde empieza a celebrarse primero como simple memoria el 15 de Agosto, hasta que finalmente en Roma, se celebrará con la máxima solemnidad, primero como “dormición” (koimesis), y muy pronto como la Asunción. El emperador bizantino Mauricio (539-602) decreta su celebración universal. Era una verdad de fe y una solemnidad igualmente compartida por los cristianos de Oriente y de Occidente.

Siglo VII: La solemnidad de María, la Theotokos (la “Madre de Dios”) el día 15 de Agosto, se encuentra específicamente en un leccionario georgiano que recoge de costumbres jerosolimitanos anteriores.

Siglo VII: San Germán de Constantinopla (634-740), San Andrés de Creta (~650-740) y San Juan Damasceno (~676-749) en sus sermones sobre la Dormición, conjugan los datos de los apócrifos asuncionistas con los argumentos teológicos sobre la muerte y en la Asunción de María y la fundamentan teológicamente en la maternidad divina y la virginidad.

San Juan Damasceno: «Era preciso que aquella que en el parto había conservado ilesa su virginidad, conservase también sin ninguna corrupción su cuerpo después de que el Padre le hiciese entrar en los tálamos celestiales. Era preciso que aquella que había visto a su Hijo en la cruz le contemplase sentado a la diestra del Padre… ¿Cómo podía la muerte retenerla? ¿Cómo podía ser que gustase la muerte aquella de quien vino para todos la vida verdadera? » (Homilía segunda sobre la dormición, 2-3, SC 80, 126).

687-701: El papa Sergio I (687-701) en el su “Liber Pontificalis”, menciona la ‘Dormición de la santa Madre de Dios” (‘Pausatio’), al tiempo que explica las otras cuatro fiestas marianas celebradas con una procesión en Roma (el 1 de Enero, una fiesta de la Theotokos; la Purificación, la Anunciación y la Navidad).

Siglos VII-VIII: La fiesta se extiende a todo Occidente, como un gran acontecimiento salvífico que es objeto de fe y de culto, no como simple hecho histórico.

772-795: En el sacramentario gregoriano del papa Adriano I ya aparece la palabra “Asunción de la Bienaventurada Virgen María” (padeció la muerte, pero no estuvo sujeta a sus ataduras”). Era solemnizada con una procesión nocturna desde San Adrián en el Foro hasta Santa María la Mayor, con una vigilia de ayuno (en el siglo IX se añadió también la octava) y con una oración colecta que se perpetuó hasta el año 1566).

Siglo IX: Surgen dudas sobre el misterio como reacción a la vista de los relatos apócrifos.

Siglo XI: Las dudas se resuelven cuando el acontecimiento de la Asunción se fundamenta en la maternidad virginal de María.

Teólogos escolásticos: Apoyándose en los Padres, contribuyen decisivamente a la progresiva penetración de este misterio al mostrar su íntima conexión con otras verdades de fe: la divina maternidad, la plenitud de gracia, la perpetua y perfecta virginidad, el amor de Cristo a su Madre, y la perfecta felicidad que exigiría la glorificación del cuerpo..

Siglo XV: La doctrina de los teólogos sobre la Asunción ya es unánime. Consideran incluso que su negación es herética y califican la verdad como ‘definible dogmáticamente’. Las iglesias orientales siempre han mantenido como una verdad de fe y de culto la festividad de la Asunción.

Siglo XVI: Muchos protestantes (también Lutero) niegan la creencia de la Iglesia Católica, lo que provoca la reacción de los apologetas católicos que prácticamente convertirán la piadosa creencia en doctrina cierta.

Siglo XVIII: El Siervo de Dios P. Cesáreo Shguanin (1692-1769) presenta la primera petición de la fiesta a la Sede Apostólica. La seguirán otras muchas, procedentes de las diversas partes del mundo católico y con variada autoridad moral y doctrinal.

Siglo XVIII: En la catedral de Gerona, en la capilla de la Esperanza se construye el monumental Lecho de la Virgen, obra barroca de Lluís Bonifaç. También el  gran rosetón representa el misterio de la Asunción.

1840, Agosto 15: «En esta par­roquia de Viladrau empecé las misiones el día 15 de Agosto del año 1840, en que hice la novena de la Asunción de la Virgen María. Después hice otra misión en la parroquia de Espinelves, a una hora larga de Viladrau. Luego pasé a la parroquia de Seva; ésta ya fue más ruidosa. Fue mucha la gente que concurrió y que se copnvirtió e hizo confesión general. Aquí empecé a tomar fama de misionero» (San Antonio Mª Claret, Autobiografía 172).

1849: Nueva petición para la institución de la fiesta del cardenal Sterckx y de Mons. Sánchez a Pío IX (1792-1878).

1863: También presenta la petición la reina Isabel II de España, que desde 1857 tenía a San Antonio Mª Claret como confesor.

1941: Hasta esta fecha llegan al Vaticano cientos de nuevas peticiones.

1942: Los jesuitas Hentrich y De Moos recogen y publican, en dos volúmenes, todas las peticiones que se conservaban en el archivo secreto del Vaticano, con el título de “Petitiones de Assumptione corporea B.M.Virginis in cœlum definienda ad S.Sedem delatæ”.

1946, Mayo 1: Pío XII (1939-1958), antes de presentar la definición dogmática envía una carta a todos los obispos del mundo preguntándoles: “queremos conocer vivamente si vosotros juzgáis que la Asunción corporal de la Bienaventurada Virgen María puede ser propuesta y definida como dogma de fe; y si vosotros, con vuestro clero y vuestro pueblo, así lo deseáis” (Enc. Deiparæ virginis Mariæ). De las 1.191 respuestas recibidas, 1.169 fueron afirmativas y las  22 restantes expusieron dudas sobre la oportunidad y conveniencia de la definición.

1950, Noviembre 1: Finalmente el papa Pío XII corona toda esta larga tradición de fe y devoción, con la proclamación del dogma de la Asunción (ante 40 cardenales, 580 obispos y medio millón de fieles en la plaza de San Pedro del Vaticano): «Después de haber elevado a Dios muchas e interesadas plegarias y de invocar la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Virgen y siempre Madre de Dios, acabdo el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo» (Const. Apost. "Munificentissimus Deus").

1980: Un grupo de vecinos de la Selva del Camp (Baix Camp) recupera “El Misterio de la Selva”, la “Representación de la Asunción Madona Santa María”, el drama sacro escrito en lengua catalana y conservado en un único manuscrito de finales del siglo XIV que se encuentra en el Archivo Histórico de la Archidiócesis de Tarragona. Se trata del primer texto completo de un drama o misterio asuncionista catalán, anterior al Misterio de Valencia (fragmentario), del primer tercio del siglo XV y también anterior al Misterio de Elche (Baix Vinalopó), la consueta más antigua de la cual es de la primera mitad del siglo XVII, si bien algunos elementos de su estructura lingüística nos remiten igualmente hasta el siglo XV.

El Misterio de la Selva: De autor anónimo, el texto parte de la  Leyenda Áurea (recopilación hagiográfica por excelencia de la edad media, acopiada por el beato Jaume de Voràgine, arzobispo de Génova hacia el año 1265). El argumento y no pocas frases y expresiones están tomadas de la leyenda. Sin embargo, el grueso material de la obra es el resultado de la labor del autor: de sus 675 versos, más de 500 corresponden a materiales propios.

Se representa todos los años, el 15 de Agosto, con la participación de todo el pueblo. El texto, escrito en catalán, es cantado. La representación dentro de la iglesia parroquial es muy digna, y el papel de la Virgen María es francamente conseguido. Allí aparece Jesús acompañado por los apóstoles, que recoge el alma de María y se la lleva al cielo. También aparecen ángeles y demonios.

1997, Julio 9: Papa Juan Pablo II: «La maternidad divina, que hizo del cuerpo de María la residencia inmaculada del Señor, funda su destino glorioso... Precisamente porque ha sido 'preservada libre de toda mácula de pecado original', María no podía permanecer, como el resto de los hombres, en el estado de muerte hasta el fin del mundo… En la Asunción de la Virgen podemos ver también la voluntad divina de promover a la mujer. De manera análoga con lo que había sucedido en el origen del género humano y de la historia de la salvación, en el proyecto de Dios el ideal escatológico tenía que revelarse, no en un individuo sino en una pareja. Por eso, en la gloria celestial, junto a Cristo resucitado, hay una mujer resucitada, María: el nuevo Adán y la nueva Eva» (Audiencia General).

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